Desde una perspectiva terapéutica integral, el trabajo suave y progresivo del movimiento consciente estimula la circulación sanguínea y linfática, mejora la oxigenación cerebral y optimiza la función cardiovascular y respiratoria, factores clave para mantener la vitalidad, la claridad mental y la estabilidad emocional en etapas avanzadas de la vida. Asimismo, el automasaje y la movilización articular consciente contribuyen a reducir la rigidez, el dolor crónico y la inflamación, favoreciendo la movilidad funcional y la calidad de vida.
En un plano más profundo, estas prácticas fortalecen la conciencia corporal y la percepción interna (interocepción), permitiendo al practicante desarrollar una relación más armónica con su cuerpo, su respiración y su entorno. Esta conexión cuerpo–mente no solo mejora la salud física, sino que también promueve estados de calma, propósito y equilibrio emocional, aspectos fundamentales para un envejecimiento activo, digno y saludable.
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